La receta definitiva para una vida sana

Tener paciencia y dejar un tiempo para que la vida sana se haga poco a poco, porque a la larga puede ser perjudicial bajar demasiado peso en poco tiempo. No hay recetas milagrosas y rápidas, se necesita de constancia, paciencia y fuerza de voluntad.

Para cambiar el estilo de vida por un más sano y mantener el peso sólo se necesita combinar 6 ingredientes en la receta definitiva de la vida sana: alimentos bajos en grasas sin pasarse con las cantidades, 30 minutos de ejercicio físico diario, una gran dosis de buenos hábitos, tener en cuenta el corazón, anotar todo y dejar un tiempo para reposar.

La dieta es la base para llevar una vida saludable. Se aconseja prescindir de alimentos grasos y controlar las raciones para no aportar al organismo más calorías de las que necesita. Eso sí, frutas y verduras se pueden comer tantas como se quiera, ya que deben constituir cerca de la mitad del consumo diario y hacen la dieta sostenible y agradable. Para alguien con el objetivo de comer cerca de 1.200 calorías al día, lo ideal sería tratar de comer cuatro o más porciones de verduras, tres o más porciones de frutas, cuatro raciones de carbohidratos, tres porciones de proteína o productos lácteos y tres porciones de grasa. Tampoco es bueno privarse y obsesionarse, se pueden comer incluso dulces en porciones pequeñas y si se combinan en una dieta con el resto de los alimentos anteriores.

Más deporte y actividad física, porque cuando se está activo, el cuerpo usa energía para trabajar y ayuda a quemar las calorías ingeridas. La mayoría de las personas pueden comenzar con sesiones de 5 a 10 minutos de actividad e ir incrementando el tiempo gradualmente, hasta alcanzar la media hora, que es el ejercicio diario recomendado.

Romper con cinco malos hábitos y comenzar cinco buenos. Por cada mal hábito que se deje, como apagar el televisor mientras se come, se crea una nueva y buena conducta, en el caso anterior la ingesta se hace más pausada y no es necesaria tanta comida para saciarse. Las nuevas conductas toman tiempo en ser adoptadas.

Pensar en el corazón a la hora de establecer la dieta. Por ejemplo, limitar la sal ayuda a controlar la hipertensión y prevenir otros problemas cardiovasculares. También se anima a consumir carbohidratos de granos enteros, fibra, fuentes de proteínas magras como las legumbres y pescados, y grasas no saturadas, todo saludable para el corazón.

Llevar un control de la receta que se está siguiendo: el peso, los alimentos y la cantidad que se consume a diario, o hasta medir el tamaño de la cintura para monitorear la cantidad de gordura alrededor del abdomen. Se ha demostrado que una circunferencia superior a los 102 cm en hombres y 88 en mujeres puede incrementar el riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares, especialmente en aquellas personas en que el Índice de Masa Corporal (IMC) es entre 25 y 35. La costumbre de anotar todos estos detalles es una costumbre que crea responsabilidad por lo que se come.

Tener paciencia y dejar un tiempo para que la vida sana se haga poco a poco, porque a la larga puede ser perjudicial bajar demasiado peso en poco tiempo. No hay recetas milagrosas y rápidas, se necesita de constancia, paciencia y fuerza de voluntad.

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