Masones y Templarios

             La historia antigua está llena de oscuros mitos que de vez en cuando se abren de nuevo y causan sorpresa y curiosidad a todo tipo de personas. Éste es el caso de los masones y los templarios en la actualidad, gentes mitificadas tiempo ha, que han resurgido por la cuestión que sea. Pero pocos son los que de verdad se centran en investigar el inicio de sus creencias, de dónde vienen y por qué.
              En el  libro de Christopher Knight y Richard Lomas “El segundo Mesías” se habla sobre la similitud entre la leyenda de los llamados Rex Deus y los rituales eliminados de la masonería actual. Este rito masónico narra que en una época muy antigua, antediluviana, Enoch recibe la información de que una gran catástrofe asolará la tierra, así que decide conservar toda la ciencia, sabiduría y tecnología escribiéndolo todo, cincelado en dos columnas a modo de jeroglífico, una de piedra y otra de ladrillo. Dice además que éstas casi fueron destruidas pero se conservaron los restos, incluso después del diluvio, una por los judíos y otra por los egipcios.
Éstas fueron encontradas al excavar los cimientos del templo de Salomón y éste las utilizó. Formaría la orden para guardar los secretos.
              Esto coincide con la leyenda de los Rex Deus, que habla de dos columnas que contenían grandes conocimientos y cuya civilización se extinguió en el diluvio. Habla también de la utilización de estos conocimientos para la construcción del templo de Salomón.
              Todo esto cobra gran consistencia si estudiamos a los pueblos asirios, sumerios, con apoyo incluso de los acadios o hititas. Los sumerios adoraban a un grupo de deidades que tenían unos enlaces con el cielo. Estos enlaces eran representados como dos grandes columnas, una terminada de manera semicircular y la otra terminada en punta. Ambas recuerdan a ciertas construcciones egipcias, como los obeliscos, esas columnas culminadas en una pequeña pirámide o incluso en las conocidas rosetas que no eran sino una representación de la columna menos grande redondeada por la parte superior.
             Es difícil no pensar rápidamente en Jaquin y Boaz, las columnas que rodean a todo regente masón y que ya aparecían en las cartas del tarot de la época templaria. De hecho Michael Baigent y Richard Leigh en su libro “Masones y Templarios”, y como su propio nombre indica, relacionan muy de cerca a estos dos colectivos, pudiendo haber perpetuado la Masonería los secretos mejor guardados de los del Temple.
            ¿Qué secretos? Si asumimos que la estancia y las supuestas investigaciones de los templarios en el Templo de Jerusalem tuvieron algún tipo de éxito, podríamos relacionar el encuentro de una de esas columnas (o ambas) con la situación de poder y misticismo que se creó a posteriori en torno a la orden.
            Incluso la traición por parte del papa Clemente V podría no haber estado solamente condicionada por las riquezas “materiales” de los templarios sino que, además, pudiese haber codiciado aquel “conocimiento arcano”.
            De cualquier forma, separando ya el mito de lo histórico, las bases masónicas tienen una fuerte raíz en los relatos del Antiguo Testamento, pese a la distinción clara que se hacen sobre la doctrina eclesiástica habitual y un nexo de unión que les remonta a unos tiempos de los que se conocen muy pocas cuestiones. He ahí, en ese desconocimiento, donde comienza a dejarse llevar la mente de cada uno hacia el mito o leyenda que más le agrade.

Artículo escrito por Jesús Remis Fernández.
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