Las drogas y nosotros

A lo largo de la historia se ha intentado satanizar algo a lo que echarle la culpa de los males aprovechando que algún mal si que causa, pero con las drogas se ha dado una triste paradoja.

Yo vivo en España donde el consumo personal de estupefacientes no está penado, pero sí lo está su tráfico, su venta y posesión a partir de determinadas cantidades, lo cual no tiene ningún sentido porque si no posees droga no podrías consumirla nunca. Mi opinión es que se deberían legalizar todas las drogas incluidas las clasificadas en la actualidad como "de abuso" o drogas duras y de manera restringida dispensarlas a quien lo solicitase informándole con veracidad y en detalle de qué es lo que va a consumir y que efectos va a tener para su salud física y mental tanto a largo como a corto plazo y con el dinero recaudado pagar tratamientos de desintoxicación y/o deshabituación a quien los pidiese, de esta forma se acabaría el problema del narcotráfico y la delincuencia asociada al consumo de drogas además de facilitar condiciones de seguridad, higiene y precios justos a los consumidores de las diversas sustancias. Mucho se ha especulado con drogas satanizadas hasta la saciedad como la heroina, pero la mayoría de los problemas que acarrea vienen de una nefasta praxis de administración asociada al mundo de la ilegalidad, la marginalidad y la falta de higiene, ni mucho menos de la sustancia en sí misma cuya adicción a pesar de lo aparatosa que pueda resultar a corto plazo no es comparable a la del alcohol que se vende legalmente en cualquier esquina. Todas estas prohibiciones absurdas vienen de sectores moralistas de la sociedad occidental (pricipalmente de EEUU) que se niegan a aceptar el he hecho de que siempre va a haber gente que se drogue porque es una práctica que ha existido de una forma u otra desde el principio de los tiempos y nadie puede privar al hombre (o mujer) de sus derechos inalienables y el derecho a drogarse es uno de ellos. El opio existe en la farmacopea china desde tiempo inmemorial, la hoja de coca ha sido y es mascada por indígenas andinos con efectos beneficiosos para su forma de vida, el cannabis es parte inseparable de la cultura arabe y parte de la de asia menor, la biblia es en ocasiones un alegato a favor del vino que representa algo tan sagrado como la sangre de Jesucristo (y a los curas bien que les ha gustado siempre el buen vino) el propio acto cristiano de la comunión tiene su orígen en las malas condiciones de almacenamiento del centeno lo que daba lugar a la aparición del hongo del cornezuelo que no es ni mas ni menos que el propio lsd, por eso tiene lo que tiene de místico. Las drogas son un arma de doble filo, eso está claro y si nos ponemos a usarlas sin pies ni cabeza (como hace la mayoría de consumidores pues no hay nadie de fiar que les guíe), con toda seguridad antes o después tendremós problemas de muy diversa índole y magnitud incluyendo depresión, muerte y enfermedades mentales e infectocontagiosas de todo tipo y todo ello por el hecho de que el usuario desconoce qué es exactamente lo que está consumiendo, se ha visto forzado a entrar en el mercado negro para adquirirlo y nadie le va a asesorar adecuadamente sobre como consumirlo. Existen precedentes más o menos recientes de lo nefasto de las políticas prohibicionistas, no tenemos más que remitirnos a los años 20 cuando se prohibió el alcohol en determinados estados norteamericanos; florecieron portentosamente organizaciones criminales destinadas a la producción, distribución y venta de bebidas alcohólicas de pésima calidad y adulteradas en ocasiones incluso con alcohol metílico multiplicándose exponencialmente los casos de alcoholismo e incrementandose los riesgos derivados del consumo de alcohol, finalmente el gobierno federal tuvo que dar marcha atrás por que esta política se demostró de una ineptitud sin precedentes hasta la fecha. Lo mismo ocurre con el resto de sustancias prohibidas, es un hecho que el individuo que empieza a consumirlas es desde el primer momento un pontencial toxicómano, igual que quien prueba un vaso de cerveza es potencialmente un futuro alcohólico, quien da una calada a un cigarro es potencialmente un futuro fumador o quien se toma un cafe o una coca-cola es potencialmente un futuro cafetómano y no por ello se prohiben estas sustancias. Lo que hay que hacer es educar a la población desde temprana edad para que, llegado el momento, sepa enfrentar el hecho de que va a tener que decir si o no al consumo de alguna sustancia y si decide hacerlo sepa lo que está haciendo y por que lo está haciendo. La clave está en la educación, la comprensión, el amor recibido por parte de los padres desde la infancia, la fluidez en la comunicación, es ahi donde debemos centrar nuestros esfuerzos y no en la represión y la prohibición que lejos de conseguir el objetivo que persigue crea un halo de mitología sobre las sustancias que las hace más atractivas para el rebelde, el irresponsable e incluso el suicida. Desde los años 80 a nuestros dias se ha avanzado tímidamente en esta materia gracias a las políticas de prevención de riesgos, el simple hecho de proporcionarle gratuitamente jeringuillas desechables a un toxicómano que consume droga por via parenteral va a permitir que este no tenga que compartir jeringuilla o reutilizar la de otro compañero de fatigas y si es portador de alguna enfermedad infectocontagiosa no la va a contagiar, ello ha contribuido a frenar la expansión del VIH y la hepatitis c que en los años 80 cuando no se aplicaban estas políticas tantos estragos causaron; en un primer momento un moralista hubiese dicho que lo de proporcionarle jeringuillas para que practicase su sucio vicio alimentando el mismo era intolerable y lo que este palurdo obviaba es que su propia seguridad va a estar mejor salvaguardada bajo el impermeable de las politicas de prevención de riesgos. Por ello os animo a todos a seguir luchando por un mundo mejor y una sociedad más justa y avanzada donde primen las libertades individuales sobre la falsa moral de los reprimidos a quienes la ignorancia, el miedo y el desconocimiento delirantes nos han privado de nuestro derecho a drogarnos cuando hemos querido en un entorno ambable.