UN CUENTO DE HADAS. SEGUNDA PARTE.

Todos necesitamos de la magia de los cuentos y no solo de niños sino también de adultos.

Incluso buena parte de los trol dejaron este planeta antes de convertirse en piedras para siempre. 

La mayoría pudieron escapar, otros se quedaron en esta tierra contra su voluntad, pero sólo los hombres prefirieron enfrentar la desgracia para poder hacerse con la regencia del planeta, y ser líderes en él, a seguir a los otros seres a mundos más propicios para la armonía donde nadie mandaba sobre nadie. 

Pasaron muchos años antes de que la Tierra volviera a calmarse, pero cuando esto hubo sucedido, los seres humanos empezaron a medrar sobre el planeta, mandando sobre todas las criaturas vivientes y olvidándose poco a poco de los seres con los que habían vivido miles de años en perfecta armonía. 

Por supuesto, muchas hadas, elfos, gnomos, enanos, magos, brujas y demás seres mortales e inmortales, se quedaron atrapados en la Tierra, pero en tan poco número y siempre pensando más en ser rescatados por los que se habían ido en el momento justo, que no pudieron hacer nada para evitar que la soberbia y la codicia se apoderara del corazón de los hombres. 

Los siglos y los milenios se han ido sucediendo desde entonces, y a medida que el hombre ha ido creando ciencias y ciudades, los seres fantásticos han ido desapareciendo del planeta y hasta de la memoria de los seres humanos. 

Por supuesto, y aunque cada vez sean menos a medida que van siendo rescatados, todavía quedan por ahí hadas y duendes, todavía conviven con nosotros, aunque escondidos en las penumbras, gnomos y elfos, que se dejan ver las noches de luna llena, en los solsticios y en los equinoccios, para derramar sus dones y su magia sobre los humanos que son capaces de encontrarlos. 

LA CLAVE SECRETA. 

Jamás se nos ocurriría relacionar a las hadas, duendes y elfos con el poder de la magia  o con los mundos paralelos que nos rodean, porque lo primero que nos viene a la mente cuando oímos la palabra “hada” son los cuentos que nos contaban nuestros abuelos cuando éramos niños, y más que recordar a los hermanos Grimm o a Perrault, resulta que asociamos dichos cuentos a las películas de Walt Disney. 

Algunas personas, muy pocas por cierto, ven en las hadas algo más que una fantasía para hacer dormir a los niños, o para divertirlos. 

Ver un hada, un duende o un gnomo no es nada usual en nuestros días, porque los videntes prefieren atisbar en el mundo de los espíritus, los fantasmas, el futuro, los extraterrestres, los ángeles, en lugar de buscar a Campanilla para desentrañar los arcanos de la vida y la muerte. 

Intentar que la gente se tome en serio este tema no es tarea fácil, sobre todo si echamos una ojeada a lo que sea escrito sobre el tema, pero no por eso dejaré de hacerlo, entre otras cosas, porque a todos nos hace falta un poco de magia en nuestras existencias, de la misma manera que nos hace falta el aire, el amor o el sentido del humor.

Arroz con verduras