El 12 de Junio de 1956 VALLE ES FUSILADO

Muchas cosas tendría que decirte pero las sintetizo en una sola; me has hecho muy feliz y por ello me voy de la vida con esa serenidad que me has sabido inspirar siempre (fragmento de la carta de Juan Jose Valle a su esposa).

jjvalle2El 9 de junio de 1956, el General Valle encabezó un levantamiento contra la dictadura que había derrocado a Perón, con la finalidad de recuperar las instituciones y reponer a las autoridades legitimas, pero la rebelión fue sofocada y varios de los integrantes del movimiento fusilados, al igual que su lider.

La revolución había sido desbaratada y ferozmente reprimida. Habían sido fusilados 26 de los revolucionarios, cuando la dictadura de Aramburu y Rojas, hizo público el compromiso de suspender los fusilamientos si el líder del movimiento se entregaba. Para evitar que se siga adelante con ese innecesario derramamiento de sangre, el General Valle, que pudo haber encontrado asilo en alguna embajada, se entregó como un general, como un comandante, pero por sobre todas las cosas como un valiente, atributo que los dictadores no conocían.

Lo trasladaron de inmediato a la Penitenciaría de la avenida Las Heras y Coronel Díaz, donde fue fusilado. Mientras aguardaba la hora final, se le permitio despedirse de su hija, tuvo tiempo de escribir un carta al presidente de facto y otra a su esposa, documenos que hoy nos reproducen lo sucedidos en aquel momento.

Aquel 12 de junio de 1956, Susana, la hija del general Valle, se despidió de su padre en el penal. Luego fue a pedir al ejecutor por la vida de su padre. Pero le respondieron que el General Aramburu estaba durmiendo y no se lo podía despertar. Aramburu se había negado a escuchar a la  hija del hombre que había ordenado ejecutar, el mismo que había intervenido ante el propio Perón para que obtenga su grado, cuando sus mediocres calificaciones no se lo permitían.

LA CARTA DEL GENERAL JUAN JOSE VALLE DIRIGIDA A SU VERDUGO, EL GOLPISTA PEDRO EUGENIO ARAMBURU, HORAS ANTES DE SER FUSILADO.

Como aquel 13 de diciembre de 1828, cuando Lavalle le hizo saber a Dorrego de su inmediato fusilamiento, sin juicio previo, casi ciento veintiocho años después, se le comunico la misma suerte al general Valle, que iba a ser pasado por las armas, sin permitirle su defensa en juicio. Durante las horas previas a su muerte, le escribió una carta a quien lo había condenado a la pena capital. W.G.

“Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos. Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones. La palabra ‘monstruos’ brota incontenida de cada argentino a cada paso que da. Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido. Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes. Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias es sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. 

Viva la patria.  

Juan José Valle.

Buenos Aires, 12 de junio de 1956”. 

 

CARTA DE DESPEDIDA DEL GENERAL JUAN JOSE VALLE A SU ESPOSA.

“Querida mía: Con más sangre se ahogan los gritos de libertad. He sacrificado toda mi vida para el país y el ejército, y hoy la cierran con una alevosa injusticia. Sé serena y fuerte. Dios te ayudará y yo desde el más allá seguiré velando por ustedes. No te avergüences nunca de la muerte de tu esposo, pues la causa por la que he luchado es la más humana y justa: la del Pueblo de mi Patria. Cuida mucha a Susanita, y que después de este amargo trance encuentren resignación y mucha felicidad. Tenemos muy buenos amigos; confía en ellos, yo les he pedido que te ayuden. Muchas cosas tendría que decirte pero las sintetizo en una sola; me has hecho muy feliz y por ello me voy de la vida con esa serenidad que me has sabido inspirar siempre. Despídeme de todos: de tu mamá que tan buena ha sido conmigo. Te deseo mucha resignación. Sé fuerte y continúa la vida con mi recuerdo y con la frente alta, pues de nada debemos avergonzarnos. Hoy se difama la honra y el honor; pero yo he procedido siempre con integridad. Solo pienso, que no terminamos nuestra obra en común: la felicidad de nuestra querida hija. A ti te queda el hacerlo. Sé fuerte para ello. Y por eso debes hacer frente a la vida con entereza y mucha confianza en tus fuerzas, que las sé muchas. No me dan tiempo ni siquiera a despedirme de ti con un gran beso. Aquí te lo envío. Pongo en él mi corazón, que ha sido siempre de mi mujercita querida. En los últimos momentos no quiero tener amargura con los hombres que se olvidan de todo lo que es humano. Mi viejita, perdóname este final de nuestra vida. Pido a Dios que te reconforte pronto para seguir luchando por nuestra hija y por vos misma. Un tropel de emocionadas palabras son las de mi despedida definitiva. Que Dios te proteja y en la resignación encuentres alivio a esta tortura. Besos y besos de tu Juanjo. Adiós mi amor. Juan José”.

 

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El DR. O. WALTER GANGI nació en Buenos Aires, Argentina. Es docente de la Facultad de Derecho de la U.B.A. en la Cátedra de Teoría del Estado del Dr. Arturo Pellet Lastra, Comisiones de la Dra. María Elena Acosta. También se desempeñó en la Cátedra de Teoría del Estado del Dr. Horacio Sanguinetti, Comisiones del Dr. Luis F.A. Bollaert, entre los años 1997 y 2007; y en la Cátedra de Derecho Constitucional Profundizado y Procesal Constitucional, del Dr. C. Collauti a cargo del Dr. Luis F.A. Bollaert entre 1996 y 2000. Es abogado, especialista en Derecho Político y en Derecho Penal, con una importante trayectoria y se ha destacado como defensor en muchas causas relevantes. Es miembro de los Institutos de Derecho Penal y de Derecho Procesal Penal del Colegio de Abogados de San Martín y es titular del Estudio Jurídico Gangi & Asociados, con oficinas en Capital Federal, San Martín y San Isidro y atención en el interior del país.

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