LAS CATACUMBAS.

Breve historia de las catacumbas de Roma, su uso y construcción

Todo alrededor de la ciudad, afuera de sus muros, se extendieron, a partir del segundo siglo, las Catacumbas, amplias zonas destinadas a cementerios, protegidas por las leyes romanas que exigían el respeto a las sepulturas. 

En estás, que representaban la manera más humilde y más reservada de sepultar, fueron inhumados, juntamente con los de los fieles, los cuerpos de los mártires, y aunque sus tumbas fueron objeto de veneración y dieron origen a lugares de culto, se excluye que hayan podido servir para reuniones o escondites. Se siguió utilizándolas hasta después del IV siglo y mantuvieron siempre su carácter exclusivamente funerario. 

Eran subterráneos excavados en la toba, de varios pisos, hasta cinco, por una profundad de 3 a 20 metros bajo el nivel del suelo. Se extendían en las zonas de las colinas alrededor de la ciudad, por un radio de tres a 5 Km. de los muros republicanos. 

En las paredes de los subterráneos se excavaron nichos también de varios pisos; en los cruces se abrían capillas funerarias llamadas “criptas”. Había otros sepulcros, llamados “de mesa”, a menudo con arcosolio, sobre nichos abiertos en las paredes. 

Las tumbas estaban cerradas por lápidas de mármol o de terracota, en las que estaban grabadas o pintadas inscripciones que a menudo llevaban el nombre del difunto: fue así que se descubrieron las tumbas de muchísimos mártires, cuyas reliquias fueron luego trasladadas a las iglesias y colocadas debajo de las mesas de los altares que les estaban dedicados. 

Las catacumbas fueron adornadas por pinturas a fresco que constituyen las primeras manifestaciones del arte cristiano: un arte que tomó estilo y motivos de la clásica que se realizaba a la luz del sol, pero a la que añadió su propio simbolismo, mediante imágenes de significado espiritual, expresiones de la nueva fe y de la esperanza en la vida eterna que aquella prometía a los hombres. 

Entre estos signos los más frecuentes fueron la cruz, la paloma con el remito de olivo, la navecilla, el cordero místico, el ancla, la corona, la palmera, la vid, el monograma constantiniano (formado por el entrelazamiento de las dos primeras letras X y P tomadas del nombre de Cristo en griego) y, por fin, el pez que recordaba el milagro de al multiplicación de los panes y de los peces y que simbolizaba la promesa de la Eucaristía, pero cuyo nombre en griego Ichthus es el acróstico de la fórmula Iesoús Christós Theoú Uiós Sotér (Jesús Cristo, hijo de Dios Salvador).

 

 

 

 

vallas metalicas

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