Naufragando a la manera de Cortázar

Siempre se asocia a los cruceros con la posibilidad de surcar mares azules y conocer las ciudades más maravillosas. Acaso, ¿quién no soñó con ganarse un viaje en barco? De ser posible, seguramente, no nos toparíamos con una situación tan absurda e insólita como la propuesta por Julio Cortázar en “Los premios”.

Es innegable la estrecha relación que hay entre los cruceros y la seguridad de disfrutar unas vacaciones inolvidables. Navegar por El Caribe, por Europa o por el Mediterráneo son algunos de los destinos de un espectro que aumenta día a día. Pareciera que es inalcanzable en términos económicos, pero esto no es así. Diferentes elementos inciden para que en el mercado existan precios módicos. El aumento de la demanda, la incorporación a las agendas de nuevos destinos turísticos, la oferta que brinda Internet y la gran variedad de productos y servicios; contribuyen a que se imponga una verdadera democratización de los cruceros. Existen diferentes periplos para diferentes bolsillos (desde el más austero hasta el más abultado). En suma, quién cuente con el tiempo y con un dinero puede lanzarse sin riesgo a unas vacaciones en barco. En un crucero: la diversión, el descanso y el placer están asegurados. Esto es lo que pasa en la realidad, pero en la ficción no siempre ocurre lo mismo. Julio Cortázar, en su novela “Los premios”, le muestra al lector un viaje en crucero donde las cosas no salen nada bien.

La historia comienza en un bar de la Ciudad de Buenos Aires, donde se dan cita un grupo de personas; de las más diversas extracciones sociales, culturales y generacionales, quienes fueron beneficiados por un premio que consiste en un viaje transoceánico a bordo del enigmático Malcolm. Ya en “alta mar” los tripulantes se ven inmersos en una serie de situaciones que gradualmente van desvirtuando el viaje. La conducta ambigua de la tripulación, la epidemia de tifus desatada entre los marinos y la prohibición de acceder a popa colaboran para crear un clima desopilante y absurdo por un lado; y misterioso e inquietante por el otro. Los tripulantes empiezan a organizarse y a indagar los vericuetos de esta trama de relaciones que se dan en el Malcom; y lo hacen con el aplicado entusiasmo de un juego, con la libertad que sólo Cortázar sabe concederles a sus personajes.

Julio Cortázar nació en 1914 en Bruselas, pero adoptó la nacionalidad argentina pues sus padres eran de allí. Vivió en Argentina la primera mitad de su vida y la otra en Paris. Aunque es reconocido internacionalmente en el terreno de la narrativa breve (cuento), no hay que restarle importancia a sus novelas. Formó parte de lo que se conoció como el “boom de la literatura latinoamericana” de los cincuenta y de los sesenta. Dicen los críticos que “Los Premios (1960) anticipa gozosamente la fiesta de Rayuela” (1963,  máxima creación de Cortazar en términos novelísticos).

Sin duda vale leer una historia de alta mar, pero más placentero e interesante puede ser vacacionar a bordo de un Crucero. Si estás pensando en la posibilidad de “zarpar”, no dudes en visitar www.mejoresofertas-cruceros.com. Este sitio tiene las mejores ofertas de cruceros y guías de viaje para embarcarse placenteramente por el Mediterráneo, el Caribe o las rutas del norte de Europa.

 

Leandro Greca y Victoria Molnar

 

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