La meditación y las conexiones neuronales

Está científicamente demostrado que la meditación cambia la manera de trabajar del cerebro.

Está científicamente demostrado que la meditación cambia la manera de trabajar del cerebro. Los investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison (EEUU) llevan a cabo estudios desde 1992 con monjes budistas que practican la meditación de manera  continuada en el tiempo, como una práctica habitual en sus quehaceres diarios y han comprobado que esta actividad les permite alcanzar niveles de consciencia inusuales gracias a la creación de conexiones neuronales que no existen en los individuos que no suelen meditar.

Estos estudios han sido publicados publicados en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences” (vol.101 nº 46) por los neurocientíficos Antoine Lutz Y Richard Davidson.

Estos estudios permiten aseverar de manera científica lo que hasta hace poco tiempo pertenecía al campo del conocimiento popular o empírico. Es decir, los beneficios que aporta la meditación tales como la paz interior, la serenidad, etc… eran casi un acto de fe que sólo podían ser explicados a través del bienestar que experimentaban los que la practicaban y pertenecía casi a un ámbito metafísico o espiritual.

Con este estudio el efecto que esta práctica tiene sobre el cerebro humano ha sido medido con elementos que no tienen nada que ver con la metafísica o el campo espiritual. Los monjes que llevan largo tiempo practicando la meditación presentan una alta actividad en una zona determinada del cerebro detrás de la parte izquierda de la frente, en la corteza prefrontal izquierda. Este área no presenta casi actividad en las personas que no practican la meditación, aunque si presenta algo de actividad en individuos que tienen un carácter optimista y poco ansioso.

El estudio se pudo llevar a cabo cuando el Dalai Lama propuso al doctor Davidson a que estudiara el cerebro de los monjes de su comunidad en Dharamsala en la India. En esta comunidad una de las actividades principales de los monjes consiste en la meditación y actividades contemplativas, por lo que el campo para hacer un estudio científico era ideal.

Se tomaron dos grupos  de mojes uno de experimentados que habían dedicado de 10.000 a 50.000 horas a la meditación en un  período de entre 15 y 40 años y otro de jóvenes sin experiencia a los que se enseñó a meditar en una semana. Una vez pasada la semana se les colocó 256 sensores en el cerebro a ambos grupos y se le spidió que meditaran un rato para medir los resultados.

Los datos registrados por la red de sensores en los monjes budistas fueron impresionantes. “La amplitud de las ondas gamma recogidas en algunos de los monjes son las mayores de la historia registradas en un contexto no patológico”, indican en el artículo citado.

La altísima amplitud de estas ondas -que están asociadas con la capacidad para prestar atención y el aprendizaje- tiene su explicación en la suma de las que emiten las diferentes neuronas. Durante la meditación, los monjes conseguían poner en fase (sincronizar) un número de neuronas muy elevado.

Hace algunos años la versión más aceptada sobre el desarrollo de nuestro cerebro era que las conexiones neuronales se fijan cuando somos bebés y niños y no varían a n la edad adulta. Hoy en día muchos estudios constatan que el cerebro no es estático sino que cambia dinámicamente a lo largo de la vida de las personas, es lo que se conoce como la “neuroplasticidad” o la continuidad del desarrollo cerebral durante la edad adulta.

La meditación es una actividad que ayuda a lograr más conexiones neuronales, a alcanzar un estado de paz interior y  a tener un cerebro más dinámico. Aunque en palabras del Dalai Lama “La ciencia puede desvelar que ciertas técnicas podrían ayudar a distinguir los porqués de una vida feliz o una miserable, pero la comprensión profunda de la naturaleza de la mente sólo puede alcanzarse a través de la meditación”.

Guillermo Rospigliosi
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