Obediencia a la autoridad

¿Podría una persona normal llegar a torturar o asesinar a alguien sólo por obedecer órdenes?
¿Podría una persona cualquiera ejecutar a un desconocido si se lo ordenaban?
¿Podría la televisión organizar la muerte de una persona bajo el disfraz del entretenimiento?

En los años 60 Milgram planteó un curioso experimento para determinar en que grado las personas obedecian a la autoridad. El resultado del experimento sobrecogió al propio Milgram. A pesar de que los maestros presentaron dudas en varios momentos del experimento ninguno de ellos se negó rotundamente a aplicar las descargas antes de alcanzar los 300 voltios (momento en el que el alumno dejaba de responder y simulaba los estertores previos al coma). Dos de cada tres maestros llegó a aplicar la descarga de 450 voltios a pesar de sentirse incómodos al hacerlo. Una vez terminado el experimento, ninguno de los maestros se interesó por el estado del alumno ni fue a comprobarlo.

En el año 2010 un grupo de psicólogos y sociólogos franceses plantea un experimento que sigue la misma metodología del experimento original de Milgram pero además de la obediencia a la autoridad tratan de estudiar el poder de manipulación que ejercen los medios de comunicación. En este caso el experimento se plantea como un concurso de televisión por lo que también hay público presente en el plató de televisión. Los resultados son realmente sorprendentes, 8 de cada 10 participantes llegaron hasta el final, un 20% más que el experimento original de Milgram y nadie del público cuestionó el experimento.

Según Milgram lo que ocurre es que los sujetos entran en lo que llamó “estado agente”, que se caracteriza por el hecho de que el individuo se ve a sí mismo como un agente que ejecuta los deseos de una autoridad que considera legítima y por tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos.

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