Identidad sexual

El ser humano empieza a ser consciente de su identidad sexual a partir de los tres años, primero en base a los roles de género asumidos por sus figuras cuidadoras, por sus modelos, y al aspecto externo, para después descubrir que es algo que permanece constante a lo largo de toda la vida.

 Identidad sexual

El ser humano empieza a ser consciente de su identidad sexual a partir de los tres años, primero en base a los roles de género asumidos por sus figuras cuidadoras, por sus modelos, y al aspecto externo, para después descubrir que es algo que permanece constante a lo largo de toda la vida.
Las dificultades aparecen en aquellos casos en los que la asignación sexual, en la que se basa la identidad sexual, ha sido dudosa, porque la persona tiene alguno casos de hermafroditismo, es decir, es alguno de los estados intersexuales que pueden existir, lo que dificulta su clasificación en cuanto hombre o en cuanto mujer; pero tomando las medidas oportunas, tampoco tienen por qué presentar problemas a partir de la pubertad, siempre que se hiciese esa asignación de la mejor forma posible, siguiendo las recomendaciones que comentamos en su momento. Si bien es cierto, que nos encontraremos con casos en que dicha asignación no se corresponde con lo que ahora siente esa persona respecto a su identidad personal.
Caso en los que la persona ha vivido las primeras etapas de su vida creyendo que era un chico, y de repente a partir de la adolescencia, se le desarrollan las mamas, o casos inversos. En estas situaciones cabe plantearse si convendría realizar una reasignación de sexo o no, porque no es una situación que se pueda tomar a la ligera, pues tiene repercusiones en la vida futura de esa persona. Probablemente sea la propia persona la que admita pertenecer a uno u otro sexo, según sus sentimientos de identidad sexual.

Entendemos por transexualidad aquellos casos de personas en los/as que ha habido un proceso de sexuación aparentemente «normal» en todos los niveles de sexuación biológicos, una asignación de sexo que se corresponde con dicho proceso bio-fisiológico, pero a pesar de ello, la persona siente que no pertenece al sexo asignado, sino al otro.

Han sido muchas las explicaciones que se han pretendido dar a la transexualidad. Desde el psicoanálisis se plantea que es la consecuencia de una mala resolución del complejo de Edipo. Otros autores hablan de una alteración en el proceso de sexuación, en el gen SRY, otros de una alteración de los niveles de testosterona. Lo que nos debemos plantear es qué hacer ante una persona que no está de acuerdo con la identidad sexual que le fue asignada en el momento del nacimiento.

Transexualidad no es lo mismo que homosexualidad ni que travestismo. El travestí, es aquella persona que obtiene satisfacción, placer, vistiendo prendas que son catalogadas como del sexo opuesto. El homosexual, es aquella persona cuyo objeto de deseo son las personas de su mismo sexo, entonces hablamos de gays, si se trata de hombres y lesbianas, si se trata de mujeres.

El transexual, es aquella persona que tiene una convicción fuerte, vitalicia, de que en realidad su identidad sexual no se corresponde con su sexo biológico, y por tanto, tampoco con su sexo de asignación. Es decir, habiéndosele asignado un sexo masculino, en función de su proceso de sexuación, en realidad él se vive como mujer, su identidad sexual es femenina. Y a la inversa, una persona a la que se le asigna un sexo femenino, en realidad se vive como hombre. Si bien es cierto que es más frecuente el caso de los hombres, es decir, transexual hombre a mujer.

El problema que surge ante la transexualidad radica en la resistencia a  aceptar los diferentes estados intersexuales, queriendo reducirlos a los dos más comunes, masculino y femenino. Pero, existen teorías que promueven la existencia de estas intersexualidades, según las cuales, nadie será completamente de un sexo u otro, sino que existen infinitas variedades de matices que conformarían todas esas intersexualidades, igualmente válidas.

Pero parece difícil que se acepte esta visión, puesto que sexo y género van relacionados, se tiende a que los hombres se comporten como hombres y se sientan y vivan como tales, y lo mismo ocurre con las mujeres, según los roles socialmente impuestos o al menos sugeridos. Aunque, con la promulgación de unos roles cada vez más difusos, bisexuales en el sentido anteriormente explicado de la identidad sexual, quizá más andróginos, la transexualidad, y los demás estados intersexuales, como los casos de hermafroditismos, y los diferentes síndromes, no estarían tan mediatizados por esos roles tradicionales demasiado rígidos.

La transexualidad es un período, una etapa en la que la persona quiere reafirmarse en su identidad sexual, contraria a la que le han asignado al nacer. Una vez que lo consiga, sometiéndose a los diferentes procesos de cambio, hormonales y quirúrgicos, ya dejan de ser transexuales para pasar a ser hombres y mujeres, y así deben ser reconocidos por todos, familiar, social, laboral y legalmente. Este es un proceso largo y complejo, que pasa porque la persona transexual se someta a un seguimiento psicológico, que le ayude a reafirmar su identidad, a confirmar su seguridad ante el paso que va a dar, aceptando su propio cuerpo y también las dificultades sociales, familiares, laborales y relacionales que conlleva.

No todos los transexuales sienten la necesidad de seguir este proceso hasta el final, por lo que una vez más hablamos de grados, de distintos estados intersexuales. Hay muchos tipos de intersexuales, como hay muchos tipos de hombres y mujeres. Es importante que cada uno encuentre el punto de inflexión en relación a su identidad sexual, que le permita ser feliz, aceptarse a sí mismo/a o a sí misma y que no conlleve más conflictos con su identidad sexual ni con los roles de género que ponen en juego.

Los cambios fisiológicos por los que tiene que pasar el transexual son bastante serios, por lo que no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. En primer lugar, tienen que seguir un tratamiento hormonal, de por vida, para «borrar» los signos físicos, los caracteres secundarios, resultado del proceso de sexuación, y a la vez, adquirir los caracteres secundarios del sexo con el que se identifican. Este tratamiento hormonal pasa por la administración en distintas dosis de las hormonas sexuales sintetizadas en laboratorio, los andrógenos masculinizan el aspecto físico, mientras que los estrógenos lo feminizan.

Las operaciones quirúrgicas aún son más complicadas. El proceso es más complejo de mujer a hombre y más sencillo de hombre a mujer, aunque no por ello resulta sencillo. Para dar este paso tienen que estar seguros, por eso muchos transexuales se conforman con un cambio en la apariencia externa por medio del tratamiento hormonal sin sentir la necesidad de ir más allá. Antes de que realizar la intervención quirúrgica, el transexual pasa por una etapa de cierta ambigüedad, su apariencia empieza a ser la del sexo contrario, pero sus órganos genitales siguen siendo los determinados biológicamente. Este hecho les obliga en muchas ocasiones a llevar una doble vida en una sociedad tan incomprensiva, unas veces representan el papel de hombre, otras el de mujer, lo que hace que se les confunda con travestíes, con mayor facilidad.

Quizá una de las mayores dificultades a las que tienen que hacer frente los transexuales es el rechazo por parte de sus familias, que la mayor parte de las veces, no entienden el por qué de este cambio, y se culpabilizan, se sienten responsables. En otras ocasiones, son ellos/as mismos/as, los que no logran asumir este hecho que atañe a su identidad sexual, tratan de ocultar lo que realmente sienten, llegando a vivir una doble vida, es decir, teniendo comportamientos que se espera que sean acordes con su sexo biológico, con su sexo de asignación.

Pero esta situación no se puede mantener toda la vida, porque les crea tensión, frustración, y acabará por salir a la luz. Será entonces, cuando decidan optar por el cambio, llegando a vivirlo como una liberación, viviendo de acuerdo a como se sienten, expresándose de forma acorde con su identidad, pudiendo gozar de su nuevo cuerpo de forma satisfactoria, en una palabra, reafirmándose en su propia identidad sexual, según aquello que sienten psicológicamente y que se corresponde con lo que su cuerpo debería ser, según los criterios actuales.