Qué es un Museo

Reflexión sobre la necesidad de hacer evolucionar los museos en forma y contenido para adaptarse a las necesidades de formación de todo tipo de personas, no importando su perfil personal. Aptos para todos los públicos.

Museos

El Consejo Internacional de Museos (COI), define museo como: “Una institución permanente, sin ánimo de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” Sabemos que el primer museo conocido como tal, y que se aproxima a la definición del COI, fue la Biblioteca de Alejandría creada por Alejandro Magno 300 años antes del nacimiento de Jesús. Aquel enorme y maravilloso patrimonio se esfumó – y nunca mejor dicho – por culpa del fuego generado por una “bomba romana ardiente” que disparó por “error” el ejército de Julio César, y con la ayuda del viento que venía del mar. Otra muestra de la gigantesca estupidez a la que puede llegar el hombre, que no la mujer. En unas horas, todo el patrimonio cultural del mundo conocido quedó reducido a cenizas. Creemos que la civilización occidental, a partir de aquella tragedia para el conocimiento humano, frenó la evolución del conocimiento provocando una regresión de la que aun no nos hemos recuperado. Si la biblioteca de Alejandría no hubiera desaparecido, el mundo, creemos, sería diferente.

Al margen de definiciones de uno y otro, de lo que hablamos básicamente es de la difusión del conocimiento. Ese es el papel que desempeña o debería desempeñar un museo en nuestra sociedad. Y es difusión a todos los niveles y hacia todo tipo de condición y perfil personal: niños, adultos, jóvenes, hombres, mujeres, musulmanes, ateos, ciudadanos del mundo, etc. Si alguien entra en un museo y no sale siendo mejor persona, es una catástrofe. Por eso ayer mencionábamos que resulta muy doloroso observar lo peor de la condición humana dentro de un museo, precisamente. Pero no queremos ser repetitivos, seamos positivos. Si el museo, por cualquier razón, no ejerce esa función de difusión del conocimiento de forma fluida y a la medida de todos los entendimientos, es que está haciendo algo mal. Cuando entramos en un museo y nos abruma lo que se muestra ante nuestros ojos, hay algo que no funciona.

Visitamos todos los museos que podemos, uno y otro y más. Tenemos la sensación general de que la mayoría de estas instituciones no lo está haciendo bien. Para comenzar, no creemos que una vitrina con 30 vasijas enseñe realmente nada a nadie salvo a los fanáticos de las vasijas. Muchos museos solo están organizados para satisfacer a los eruditos y eso no puede ser. Por el contrario, nos hemos encontrado con museos que más parecen parques temáticos. Creemos que debe haber un término medio y que los profesionales museólogos y museógrafos deberían apuntar en esa dirección. También decir que los “curators” y expertos colaboradores deberían apoyarse un poco más en la sencillez y bajarse de los pedestales sobre todo en los museos relacionados con la historia. Su discurso no llega en general a nadie y nos negamos a visitar esos museos con una enciclopedia debajo del brazo porque pesa y resulta incómodo. Nos parece mucho más importante saber como se fabricaba una vasija en la antigüedad y luego ver el resultado en vivo y en directo, que lo de observar 30 vasijas en una vitrina. Menos es más.

Nosotros, profesionales de los museos, tenemos un compromiso adquirido con la sociedad que nos es otro que simplificar. Una vez simplificado – no hace falta mostrar 100 esculturas pero si mostrar como se cincelaba en Atenas, debemos pensar en todos, desde los más peques a los más mayores. Las personas muy mayores también tienen derecho a visitar un museo sin que acabe siendo un maratón. Lo mismo ocurre para las personas con minusvalías, sin mencionar las personas que no pueden ver. Hay muchísimo trabajo por hacer, pero por el momento poca intención de los que deciden y mandan para hacerlo. Sabemos que la crisis que sufrimos es la enemiga número uno de la inversión en difusión cultural y actualización del patrimonio. Por eso, nosotros nos seguimos preparando, estudiando, aprendiendo todo lo que podamos e intentando difundir nuestro mensaje a la medida de nuestra capacidad y posibilidades. Algún día escampará, no hay que perder la esperanza.

 

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