Aproximación al conocimiento histórico y etiológico del TDA-H

En estos últimos tiempos parece ser que el TDA-H sea el trastorno de moda. Leemos publicaciones en periódicos y revistas, vemos programas de T.V., nacen asociaciones de afectados por el TDA-H, se multiplica la población afecta por este trastorno y cada vez parece que haya más personas afectas por el TDA-H. ¿Nos encontramos ante una epidemia? ¿Se está sobrediagnosticando el TDA-H? La respuesta a ambas preguntas es NO. No nos encontramos con ninguna enfermedad nueva que empiece a emerger en la década de los noventa y tenga su continuismo a principios del siglo XXI. Hacia la segunda mitad del siglo XIX ya empiezan a aparecer los primeros datos sobre niños hiperactivos.

Aproximación al conocimiento histórico y etiológico del  TDA-H

En estos últimos tiempos parece ser que el TDA-H sea el trastorno de moda. Leemos publicaciones en periódicos y revistas, vemos programas de T.V., nacen asociaciones de afectados por el TDA-H, se multiplica la población afecta por este trastorno y cada vez parece que haya más personas afectas por el TDA-H. ¿Nos encontramos ante una epidemia? ¿Se está sobrediagnosticando el TDA-H? La respuesta a ambas preguntas es NO. No nos encontramos con ninguna enfermedad nueva que empiece a emerger en la década de los noventa y tenga su continuismo a principios del siglo XXI. Hacia la segunda mitad del siglo XIX ya empiezan a aparecer los primeros datos sobre niños hiperactivos.

Desarrollo Histórico y terminológico del TDA-H

Still (1902)  empieza a describir sistemáticamente las características de este trastorno. Consideraba – muchos antes que la mayoría de los autores- que pueden ser niños con inteligencia normal y que no siempre es posible relacionarlo con una causa neurológica y lo definía como un “Defecto de Control Moral”.  Still por aquellos entonces ya pensaba que aunque el trastorno podría ser el resultado de una enfermad neurológica, en muchos casos el no encontraba tal etiología. 

Modelo Médico

El primer paradigma explicativo de éste patrón de comportamiento del niño se basa en un modelo médico, de enfermedad, hipotetizándose un déficit neurológico como causa de estas desviaciones de la conducta; así, se empezó a formular como etiología central de este síndrome una alteración de origen orgánico. Dentro de los autores que veían este síndrome como el resultado de una lesión cerebral encontramos a:

• Ebaugh (1923) que lo definía como “trastorno de conducta postencefalítica”

• Khan y Cohen (1934) como “síndrome orgánico cerebral”

• Strauss y Lethinen (1947) como “síndrome de Strauss” o “Daño Cerebral Mínimo”. Hacen especial énfasis en la inquietud y el nivel de actividad.

Ebaugh (1923) describe síntomas muy similares a los que describió Still, en población infantil afecta por encefalitis y circunscribe el trastorno a una alteración neurológica. No obstante  no acaban de estar demasiado claras sus aportaciones y justificaciones.

Khan y Cohen (1934) y bajo denominación de “síndrome orgánico cerebral” presentan un cuadro sintomatológico que coincide en gran parte con los anteriores ubicando su etiología en una lesión cerebral de carácter leve. Khan y Cohen no obstante evidencian serias dificultades  a la hora de determinar exactamente la lesión que causa toda la sintomatología.

 Strauss y Lethinen (1947) enfatizan la etiología orgánica, describen a niños retardados  y describen la presencia de hiperactividad, impulsividad, perseveración, inestabilidad emocional, distraibilidad y dificultades perceptivas. Destacan inquietud y nivel de actividad en lugar de los déficits “de control Moral de Still”.

Avances y análisis empírico

El avance tecnológico en investigaciones, evidenció que el daño cerebral era poco común en las poblaciones de niños con incapacidad de aprendizaje e hiperactividad. Comenzó entonces, a prevalecer la concepción de que el origen de este trastorno era un problema del sistema nervioso central, a partir de lo cual este patrón de conducta pasó a denominarse Síndrome de Disfunción Cerebral Mínima (Lahey et.al., 1979). Aproximadamente en la década de los 60 y con estos precedentes se empieza a entender este cuadro sintomatológico, como  un trastorno del comportamiento, que tiene su origen en un supuesto daño cerebral preexistente. La lesión cerebral en consecuencia, sería la responsable de los trastornos de conducta y de la hiperactividad.

 Se incluirían en este síndrome de DCM:

 “los niños con inteligencia promedio o cercana al promedio, que presentan trastornos del aprendizaje o de la conducta que están asociados a desviaciones en la función del sistema nervioso central.     Estas desviaciones se pueden manifestar por distintas combinaciones de impedimentos en la percepción, conceptualización, lenguaje, memoria y control de la atención, de los impulsos o de la función motora”.

Disfunción Cerebral mínima

Este término es aplicado a niños de capacidad intelectual promedio o cercano a él, con ciertas dificultades de aprendizaje y/o conductuales (Valdivieso y Céspedes, 1980).  El concepto de disfunción cerebral mínima no obstante, se presentaba como un cajón de sastre en el cual podían estar mezclados diferentes tipos de trastornos pudiendo llegar a no discriminarse entre ellos. Con el paso del tiempo los investigadores no encontraron validez empírica suficiente para validar la DCM como síndrome médico.

Análisis desde perspectivas comportamentales

Con este panorama y con la imposibilidad de probar su consistencia orgánica, tanto la Psicología como la pedagogía se empiezan a centrar más en los aspectos psicológicos o comportamentales que rodean al trastorno:

• Ross y Ross (1976, 1982) Hiperactividad como síndrome conductual.

• Chess (1960) Hiperactividad como una manifestación constante e involuntaria de actividad motora.

• Werry (1968) Hiperactividad como niveles de actividad motriz diaria claramente superior a la normal

Se hacen esfuerzos por crear una clasificación del trastorno más científica, válida y contable, así tanto La Clasificación Internacional de Enfermedades, de la Organización Mundial de la Salud (ICD-9) como el  Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSMII); modificaron la denominación del cuadro, caracterizándolo por sobreactividad y falta de atención, llamándolo Síndrome Hiperkinético de la Niñez, en el cual se incluía a niños con daño cerebral y retardo.

Aproximaciones cognitivas al trastorno

Ya en los 70 las investigaciones se centraron en analizar el síndrome desde una perspectiva más cognitiva abandonando la búsqueda de factores orgánicos. En esta línea aparecen varios autores que cambiarán de manera determinante el curso en la definición y conceptualización de la Hiperactividad:

• Douglas (1972) y Campbell (1976).

 Douglas defiende que el principal déficit de los niños hiperactivos consiste en: “su incapacidad para mantener la atención y su impulsividad” y resta importancia a la actividad excesiva ya que ésta, a diferencia de la atención, mejora con la edad. Virginia Douglas sostenía que el déficit central de este desorden, caracterizado por déficit de atención e inquietud, era: “Un fracaso de la regulación en la excitación de la atención y control inhibitorio”.       

En la revisión del DSM II se consideró relevante lo planteado por Douglas y retomando sus investigaciones en 1980 la APA publica el DSM III. En esta publicación se renombra al Síndrome Hiperkinético de la Niñez con el término de Trastorno por Déficit de Atención con y sin Hiperactividad. Esto supone en definitiva el reconocimiento de los síntomas de desatención como nucleares en el TDA. Se pasa a reconocer la desatención como síntoma principal de la hasta ahora llamada Hiperactividad. Durante aproximadamente 7 años se van incluyendo criterios diagnósticos que llevan a los profesionales de aquella época a la posibilidad de codificación DSM para TDA con y sin hiperactividad. 

Esta publicación sin duda, revisaba y superaba a las anteriores ediciones DSM I (1952) y DSM II (1968) ccaracterizando a este trastorno con la presencia de falta de atención, impulsividad y en algunos casos hiperactividad (Douglas, 1972, en Douglas et.al., 1976).

Professor docent: SAMUEL R.M. “EL TRASTORNO DE CONDUCTA EN LA INSTITUCIÓN ESCOLAR”

http://www.serveis-atencio-terapeutica.com/

 

 

Samuel Rodríguez Muñoz: Psicopedagogo/Psicoterapeuta. EXPERIENCIA: Psicopedagogo U.M.E. (Unidad Medico-Educativa). Psicopedagogo en escuela ordinaria. Psicopedagogo en Unidad de diagnóstico y tratamiento de trastornos del neurodesarrollo S.A.T. Viladecans. (TDA-H, Dislèxia). Docente cursos extensión universitaria temática TDA-H y trastorno de la conducta.

http://www.serveis-atencio-terapeutica.com/art%C3%ADcle/

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