Bendiciones y maldiciones de los hombres

Los padres debemos bendecir a los hijos, esto es bíblico. Aun aquellos que son en adopción por diferentes circunstancias.

Cuando Jacob iba a morir le dio las bendiciones a los 12 hijos, que iban a conformar las doce tribus de Israel, creyendo a la promesa que Dios le dio a Abraham de la tierra prometida y a él como heredero de esa promesa.

 

A pesar de que habían pecado gravemente y de diversas maneras, ellos estaban en la promesa y Dios iba a tratar con ellos para hacer de ellos una nación grande que cumpliera con sus requisitos para recibir esas grandes promesas que se conservan hasta el día de hoy. 

Esas bendiciones nos alcanzan hoy en día porque somos hijos en adopción de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, gracias a la venida y sacrificio de Jesucristo en la cruz del calvario.

José es tipo de Cristo porque aunque no murió, es como si hubiera muerto para su padre, cuando ellos le dijeron que estaba muerto y le mostraron la túnica llena de sangre.

No lo mataron sino que lo vendieron a los egipcios y bueno la historia bíblica nos relata los hechos que le acontecieron para ser bendecido y prosperado y como después de ser el primero después de faraón en una civilización grande como lo era la egipcia, por su falta de previsión; sus futuras generaciones quedaron en cautiverio y Dios tuvo que levantar un libertador acorde a las necesidades del momento. 

Pero Moisés no entro a la tierra prometida, porque perdió esa promesa, eso no quiere decir que no era de Dios. Pero Dios lo disciplina para que sirva de ejemplo a todos nosotros y podamos saber que la paga del pecado es muerte, más la dadiva de Dios es vida y vida en abundancia. 

Porque vamos a esperar la disciplina de Dios, si podemos llegar a su presencia y hablar con él, pedirle de su perdón y amor y recibir su gracia.

Con la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, tenemos acceso al lugar santísimo y ya no necesitamos al sacerdote para doblar las rodillas delante de la presencia de Dios, hablarle y pedirle perdón.

Pero necesitamos a los sacerdotes para aprender la forma adecuada para entrar a ese lugar santísimo, para poder ser obedientes y  unidos al cuerpo de Cristo, se manifiesten sus dones y  obedecer a Dios, encontrando la paz verdadera que necesitamos, siguiendo una cabeza que es Cristo representada en el sacerdocio santo que el instituyo para todos nosotros.

Sin los sacerdotes o pastores no hay un orden, porque ellos son ordenados por Dios, para que su pueblo no tenga escases, hambre espiritual y material, porque la  escasez viene de la ruina espiritual por el pecado. 

Los sacerdotes son los representantes de los necesitados, de los menesterosos, de los enfermos así estos sean ricos, de los hombres y mujeres maltratados, abusados y todas esas cosas que se presentan en las ciudades, pueblos y veredas. 

Ellos deben tener una protección especial de las leyes en los países donde se desarrollan estos ministerios, recordando que los mayores enseñan a los menores y que todo tiene un orden. 

Así podemos aplicar este pasaje a la vida nacional, cuando la época de la violencia en Colombia, parece que fueran fechas lejanas, pero están muy cercas y más vivas de lo que se cree en el corazón de las familias que sufrieron esta época, porque afecto más grave y profundamente dividiendo al país y creando un caos familiar que prevalece en muchas partes hasta el día de hoy. 

Por eso se necesita mucho más que sabiduría para manejar las situaciones que se viven y la experiencia y vivencias de muchas personas para no dañar el árbol nacional y poder crear una Colombia nueva, con una juventud bendecida y que pueda sanar sus heridas.

 

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