¿Cómo hacemos valer nuestros derechos?

Cuando conocemos la verdad de Dios, dice la Biblia que somos verdaderamente libres. ¿Como somos verdaderamente libres si seguimos en nuestra antigua y mala manera de vivir? Una de las señales de que somos verdaderamente hijos de Dios es el cambio que experimentamos al conocer a Dios y su voluntad.

Como cristianos tenemos derechos aunque seamos personas que no estemos en el orden de Dios, porque dice la Biblia que su palabra no vuelve vacía y como las personas van a conocerlo o aprender de Él, si no la leen, la escuchan cuando es interpretada por sus ministros.

La Biblia dice en Romanos 13:1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 

Debemos someternos a la autoridad porque vivimos en comunidad y las leyes están hechas para todo el mundo, la autoridad buena o mala es de parte de Dios, debido a que el hombre por causa de su maldad recibe muchas veces maldad y entonces una autoridad injusta hace que el pueblo se vuelva a Dios y reconozca sus pecados y reciba purificación como paso con el pueblo hebreo cuando salió de Egipto y duro cuarenta años en el desierto, habiendo podido llegar en tres días, dio vueltas durante todo ese tiempo, porque no estaban preparados para entrar a la tierra prometida y recibir lo que Dios tenia para ellos.

Así el pueblo de Dios no recibe muchas veces las bendiciones que son para él, individual y en conjunto. Porque andan en la envidia, el chisme, la calumnia y la desobediencia e incluso malversando fondos y haciendo cosas que no agradan a Dios.

Cuando de hablar se trata debemos pensar en a quien estamos lastimando y cuál es el motivo de nuestra censura, porque la mentira enseguida encuentra aceptación, pero la verdad muchas veces es rechazada por conveniencia, por restauración y por miles de justificaciones sin sentido.

Debemos someternos a la autoridad terrenal en las cosas terrenales, pero debemos mantenernos sometidos en lo espiritual a Dios y su obra.

La iglesia necesita de obreros comprometidos, pero la labor no es de uno solo, ni de un solo día. Debemos buscar el rostro de Dios y su dirección en unidad con los hermanos en Cristo para hacer su obra como conviene.

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