No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación

Lucas 6:39 Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
6:40 El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.
6:41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

Cambiar de denominación porque es la obra de Dios no es malo, lo mismo que repetir los ejemplos de congregaciones que tienen buenos testimonios no importando si son de nuestras mismas creencias no es malo, al contrario quiere decir que en verdad Dios es uno solo y está obrando en todos.

La plata une y el dinero desune, cuando estamos necesitados de dinero y tenemos emergencias económicas de salud y otras cosas urgentes, padecemos lo mismo que han padecido otros en igual o mayor o menor forma.


Esto nos hace solidarios y ayudadores de los demás que están en las mismas o parecidas necesidades, pero cuando el dinero es el que está de por medio los corazones se endurecen y todos quieren sacar provecho.

Por eso esa parte de la Biblia que dice que miramos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el propio, muchas veces si es asi, pero no es la misma viga del que estamos tratando de corregir.

Porque las vigas de madera tienen diferentes usos en la construcción y aun en la industria automotriz.

El corral de un camión para transporte de ganado o de equis material no se puede hacer con una viga del mismo tamaño que necesita una iglesia para su parte principal, que viene a ser el techo.

Entonces en la Iglesia de Dios hay personas verdaderas y falsas, con diferentes construcciones y muchas cosas que nos diferencian como familia.

Por eso hay una cabeza que es Cristo y que de ahí dependen ministerios, labores, personas, niños y una serie de cosas de las cuales hay que dar cuenta.

La responsabilidad general es de aquella persona que dirige la Iglesia en sí, pero todos y cada uno de los que tienen administración en algo, deben dar cuenta por si mismos de lo que han hecho y de lo que paso en el momento que paso.

Pero no somos nosotros el pueblo de Dios como pueblo que de justos vamos a pasar a ser linchadores vulgares o maltratadores de nuestros hermanos a menos que no seamos realmente cristianos.

Esto no quiere decir que no podamos llenarnos de ira, hay situaciones de extrema violencia en que debemos evitar encontrarnos con las personas para tener una actitud prudente y no exacerbar los ánimos.

En la Historia Colombiana hay ejemplos de estas situaciones como en el Bogotazo cuando la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, el bloque de búsqueda cuando perseguía a los narcotraficantes más famosos del mundo que estaban siendo perseguidos y esto creo un caos y angustia nacional que aún persiste en el corazón de todos aquellos que vivieron los siniestros y angustiosos días de abuso y descontrol de todo tipo.

Debemos dar tiempo al tiempo, pero también hay veces en que señalar pero no la viga en el ojo ajeno, ni la paja en el nuestro, sino con prudencia y sabiduría aquella palabra de sanidad que Dios le da al pueblo para que reciba de su gracia.

Usar la palabra como arma para asustar, subyugar o maltratar no ayuda a nadie, pero podemos usarla para bendecir, también para ayudarnos a tener paz y esperar que Dios obre de manera perfecta.

Dios tiene encargados que vigilen y hagan su obra, pero la juventud a veces es irreflexiva y se defiende sin pensar en lo que pasa o paso en el pasado, únicamente hay algo que se llama instinto de supervivencia y si utilizamos este recurso continuamente para vengarnos de los demás, estamos desencadenando factores que desconocemos y que hacen que la sociedad haga una explosión de talentos y recursos para salvaguardarla.

Por eso tratemos de cada uno vivir según su momento y ayudar sin mirar a quien ayudamos a menos que sea estrictamente necesario.

 

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